ESPÍRITUREGIÓN

Opinión Regional • 10 de abril de 2026

De la Globalización a la «Globetition»: El Nuevo Juego del Trono Mundial

Por Guillermo Herrera Esparza Director Espíritu Regional

Hubo un tiempo en que la globalización se vendía como una fiesta donde todos ganaban. El mantra era simple: fronteras abiertas, mercados eficientes y una «mano invisible» que nos hacía interdependientes y, por ende, pacíficos. Pero ese mundo del just-in-time ha mutado. Bienvenidos a la era de la Globetition. Este concepto —un acrónimo de globalización y competición— no describe un paso atrás hacia el aislamiento, sino una metamorfosis agresiva. No estamos ante una «desglobalización», sino ante un cambio de reglas: hemos pasado de la lógica del «ganar-ganar» a una rivalidad de suma cero. Si tú ganas, yo pierdo.

El Estado como CEO y Estratega

En la Globetition, los países han dejado de ser simples árbitros para convertirse en jugadores estrella. El Estado reemerge con una mentalidad corporativa, orquestando políticas nacionales para asegurar que su nación sea el «ganador relativo».

A esto se suma el Branding Geopolítico. Ya no solo se exportan productos, se exportan «marcas de influencia». China golpeó primero con su Iniciativa de la Franja y la Ruta, y la Unión Europea ha respondido con su Global Gateway. No son solo infraestructuras; son estrategias de posicionamiento para capturar cuota de mercado en el orden global.

El Armamentismo Económico

La competencia ya no es solo por quién vende más camisetas, sino por quién controla los recursos críticos. El litio, el cobalto y, sobre todo, los semiconductores, son el nuevo petróleo. Lo más disruptivo es el «armamentismo» de la política económica. Los aranceles y los controles de exportación (como los de chips de IA) ya no buscan la eficiencia del mercado, sino debilitar la soberanía tecnológica del rival. La eficiencia ha sido sacrificada en el altar de la seguridad.

Del «Just-in-Time» al «Just-in-Case»

En definitiva, la Globetition marca el fin de la inocencia económica. Ya no importa solo que algo sea barato, sino que sea seguro y resiliente. Hemos pasado de una cadena de suministro optimizada por costos a una fragmentada por desconfianza. En este mundo interconectado pero hostil, la pregunta ya no es qué tan rápido podemos comerciar, sino qué tan protegidos estamos mientras lo hacemos.

Compartir esta columna